2. (F)T_D - 663 - The Butterfly, the Garden, and the Gardener

LA MARIPOSA, EL JARDÍN Y EL JARDINERO

Durante muchos años viví persiguiendo una mariposa. Creía que en ella estaba mi aire, mi sentido y mi alegría. Pensaba que, si lograba retenerla, mi corazón dejaría de sentirse incompleto.

Esa mariposa tomó distintos nombres y rostros. Primero fue el rostro de un padre alcohólico; después, hombres que parecían prometer el amor que mi alma anhelaba. Sin darme cuenta, convertí el amor en una búsqueda desesperada.

Llegué a creer que si entregaba todo de mí —incluso lujuria— recibiría a cambio el amor que tanto deseaba. Cuando esa mariposa se acercaba o me miraba, sentía euforia; cuando se alejaba, experimentaba tristeza y vacío. Vivía oscilando entre la ilusión y la caída. Y mientras corría tras esa mariposa, me iba perdiendo a mí misma.

Pero ninguna mariposa puede vivir encerrada. Y ningún corazón puede encontrar descanso en la persecución.

Y entonces llegó SA y me recibió con una promesa que con el tiempo se ha venido cumpliendo: “Vamos a conocer una libertad y una felicidad nuevas”. Al principio, esas palabras eran solo esperanza. Hoy empiezan a ser testimonio.

Mi Poder Superior, a quien hoy llamo el Jardinero, comenzó a mostrarme que la felicidad no nace de poseer, sino de confiar. No es un fuego que consume, sino una luz que acompaña.

Comprendí que había estado buscando en criaturas lo que solo mi Poder Superior podía darme. Había pedido a personas que llenaran un vacío que solo Dios podía habitar.

Poco a poco, el Jardinero me enseñó a permanecer. A quedarme quieta y callada. A escuchar. A reconocer que ya era amada, incluso cuando nadie me elegía.

Descubrí una felicidad serena: la que se encuentra al caminar bajo el sol con mis perritos, al respirar con conciencia en una clase de pilates, al jugar un partido de tenis sin querer ganar de manera obsesiva, al celebrar un aniversario de mis compañeros de SA. Una felicidad que no depende de ser elegida, sino de saberme amada por mi Poder Superior.

Ese Poder Superior que siempre estuvo conmigo, a pesar de que por mi adicción abandonaba los regalos de Él por una migaja de ilusión romántica. Soltaba hobbies, sueños y paz interior por el temor a quedarme sola.

La rendición y trabajar los pasos van cambiando el ritmo de mi alma. Cuando dejé de correr tras esa mariposa, el Jardinero comenzó a trabajar mi tierra. Y remover la tierra duele: confronta, desnuda, purifica. Pero también prepara para frutos nuevos y hermosos.

 

La sobriedad ha venido convirtiéndose en un terreno fértil, donde van naciendo frutos que jamás habría imaginado: disciplina para terminar mi maestría (la que siempre soñé de niña), gratitud por cada cosa; inclusive por mi soltería, gozo en viajes vividos ahora con presencia plena.

Antes, mi interior era un campo árido donde yo corría tras esa mariposa que llamaba amor. Hoy entiendo que el verdadero milagro no fue que la mariposa regresara, sino que mi corazón y consciencia empezaran a transformarse.

El Jardinero, mi Poder Superior, con ayuda de SA, fue haciendo nacer en mi jardín interior ríos de serenidad, montañas de esperanza y árboles de límites firmes; y aunque a veces el terreno puede resultar difícil de caminar, siempre encuentro flores de alegría. El amor no se conquista: se cultiva, y así empieza a florecer una sobriedad positiva.

Ahora sé que no estoy sola, tengo a SA y, sobre todo, estoy cuidada por el Jardinero que no abandona su obra, mi Poder Superior.

Si algún día la mariposa vuelve, será recibida con sobriedad y como un regalo más entre muchos, no como una necesidad. Y si nunca regresa, mi jardín permanecerá cultivado y cuidado por el jardinero mayor por el verdadero amor… Dios… Quien esta haciendo por mi lo que no podía hacer por mi misma. 

Viviana S.

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