
Aprendió a establecer límites que le permitieron compartir de manera segura y escuchar atentamente.
Hay un momento para hablar y un momento para escuchar. Tuve que volver a aprender a hablar y a escuchar dentro de las salas para poder permanecer en la Comunidad y seguir trabajando los Pasos. Cuando llegué por primera vez a las reuniones, era arrogante y egocéntrico. Mis intervenciones, poco útiles, estaban llenas de frases hechas de SA y consejos sobre pensar positivamente. Después, esperaba aplausos o algún emoji sonriente. Cuando no recibía ninguna reacción, caía en la autocompasión y en el miedo al rechazo. Por otro lado, cuando escuchaba lo que compartían los demás, los juzgaba duramente. Evaluaba sus intervenciones según lo positivo que fuera su mensaje, si tenían una secuencia lógica o si eran divertidas. No tenía una mente abierta, así que aprendía poco y criticaba cada vez más con el paso de los años.
Las siguientes frases me ayudaron a establecer límites saludables para compartir y escuchar de manera más efectiva.
«Experiencia, Fortaleza y Esperanza (EFE)». Al principio, lo que compartía se basaba principalmente en lo que sabía, pero con el tiempo aprendí a compartir lo que había vivido: cómo aplicaba los Pasos a los desafíos cotidianos de la vida. Me di cuenta de que las personas podían identificarse con lo que compartía y mi perspectiva se volvió más práctica.
«Lleva el mensaje a la reunión y el desorden a mi padrino». Encuentro seguridad al confiar mis problemas más personales únicamente a unas pocas personas. En algunas ocasiones compartí mis problemas con el grupo y después me sentí muy mal. Tenía miedo al rechazo y me desanimaba cuando no recibía ningún consejo. Ahora, cuando me siento vulnerable y mis emociones están a flor de piel, hablo con mi padrino, quien me orienta hacia la aceptación y me ofrece sus consejos prácticos (EFE), basados en cómo él enfrentó un problema similar. Ahora, cuando me siento más cómodo hablando del asunto con el grupo, lo rindo brevemente y en términos generales, mientras continúo hablando del desorden con mi padrino con todos los detalles.
«A medida que llegamos a comprender que compartíamos un problema común, también llegamos a comprender que, para nosotros, existe una solución común: los Doce Pasos de recuperación practicados en una comunidad…» (SA, p. 2).
Como he escuchado de otros, formo parte del «NOSOTROS» (AA, p. 17) de SA, unidos por un problema y una solución comunes. Tuve que aceptar que cada persona recorre este camino de recuperación con su propia experiencia de vida y a su propio ritmo. Algunos han recorrido grandes distancias, mientras que otros apenas están comenzando. Estoy aprendiendo a escuchar las historias de los demás y a encontrar el hilo común que nos une. Escucho mi propia historia en la historia de ellos, sin importar cuánto tiempo de sobriedad tengan o cuál sea su género. Ahora juzgo menos y aprendo más.
Estoy profundamente agradecido de formar parte de la Comunidad. Tengo la oportunidad tanto de recibir como de brindar apoyo a los demás. La Comunidad me ayudó cuando más lo necesitaba. Me aceptaron con todos mis defectos de carácter. Me ayudaron a ponerme de pie por mis propios medios y a cambiar el hombre que era. Con paciencia, tolerancia, bondad y amor, me ayudaron a convertirme en el hombre que soy hoy.
Estoy profundamente agradecido por su ayuda y deseo ofrecer la misma compasión a quienes entran por primera vez a las salas.
Anónimo



