
El Paso Tres seguía siendo ineficaz hasta que se desbloqueó para tomar los Pasos Cuatro a Nueve.
Cuando era nuevo en el Programa y me enfrenté a la necesidad de entregar mi voluntad y mi vida al cuidado de Dios tal y como lo entendía, sentí que estaba condenado. Ya había entregado mi vida a Dios al principio de tener 20 años, y entré en la fraternidad de SA a los 54 años. Durante más de tres décadas, esa decisión—aunque me aportó grandes beneficios en muchas áreas de mi vida—tuvo poco o ningún efecto para ayudarme a superar mi obsesión por la lujuria. Si esa era realmente la solución a mi problema, temía estar sin esperanza.
Por suerte, me dirigieron a escuchar la serie de charlas de AA. Ahí fue donde aprendí que, en lo que respecta a mi adicción, estaba bloqueado del poder de Dios que podía detenerme. Por eso mi decisión de entregar mi vida a Dios los veinte años fue ineficaz para lidiar con la lujuria, y no por tomar otra decisión así en el Paso Tres sería más efectivo hasta que yo estuviera desbloqueado. Además, aprendí que la única forma de desbloquearme era el trabajo exhaustivo y efectivo de los Pasos Cuatro a Nueve.
Habiendo hecho precisamente eso, ahora puedo decir que en ocasiones he podido permitir que Dios controle ciertas situaciones. Cada vez más, soy capaz de aceptar la vida en sus términos y de aceptar que las cosas son como deben ser, y de estar de acuerdo con ello. Pero cuando no puedo, vuelvo al Paso Dos y busco los fallos en el concepto de mi Poder Superior: Dios.
Funciona de veras, cuando decido hacerlo.
Jim C., Pittsburgh, PA



