Sobria, soltera y agradecida
Ella llegó a aceptar el plan de su Poder Superior. Tuve que aprender a amarme a mí misma, no como lo hace una persona engreída, sino como una preciosa hija de Dios. Tuve que aprender a disfrutar de mi propia compañía y a recordar que soy una preciosa hija de Dios. No soy perfecta, sino alguien que está progresando con mi Poder Superior moldeándome a su voluntad. Yo no estoy al mando de mi vida; mi Poder Superior lo está. Tengo que aceptar que mi Poder Superior sabe lo que es mejor para mí.